martes, 12 de julio de 2011

3 metros sobre el cielo



Película: 3 metros sobre el cielo. 
Dirección: Fernando González Molina. 
País: España.
Año: 2010.  
Duración: 118 min. 
Género: Drama, romance.  
Interpretación: Mario Casas (Hache), María Valverde (Babi), Álvaro Cervantes (Pollo), Marina Salas (Katina), Diego Martín (Alejandro), Luis Fernández (Chino), Andrea Duro (Mara), Nerea Camacho (Dani), Pablo Rivero (Gustavo), Cristina Plazas (Rafaela), Clara Segura (Forga).  
Guión: Ramón Salazar; basado en la novela homónima de Federico Moccia. 
Producción: Francisco Ramos, Mercedes Gamero y Daniel Écija.  
Música: Manel Santisteban.  
Fotografía: Daniel Aranyó.  
Estreno en España: 3 Diciembre 2010.  
No recomendada para menores de 12 años.


No me ha seducido leer ninguna novela de Federico Moccia, pero al tratarse de una película basada en un libro suyo, sin nada más interesante que hacer en ese momento, pues me decidí a verla (estaba condicionado porque acababa de ver La mujer del anarquista, donde María Valverde hace un papel expléndido).


En fin, que comienza la película y ya se ve el tufillo a comedia juvenil sin más interés que el lucimiento de cuerpecitos jóvenes y los amoríos sensibleros que protagonizarán. Pero todas mis expectativas se quedaron cortas. La mayoría de la película está ocupada por un niñato macarra (Mario Cases, que como no haga algún papel interesante se va a encasillar en ídolo de jovencitas) que monta en moto sin casco, con la chupa de cuero abierta, a velocidades de escándalo poniendo en peligro su integridad y la de los demás, participando en carreras ilegales. Vamos, todo un ejemplo de conducta.

Y que decir de la niña pija que se enamora del macarra (María Valverde, claro). Pues eso, que pierde el norte por completo y se pone a acompañar al macarra en sus fechorías. En este caso María Valverde me decepciona bastante, después de las expectativas que me había creado con La mujer del anarquista...


Resumiendo, película nada recomendable a no ser que tengas menos de 15 años y la sesera completamente vacía. Por cierto, que de Federico Moccia tardaré mucho en leer algo, pero mucho, mucho...